Deliciosas criaturas perfumadas, quiero el beso de sus boquitas pintadas...
...Alfredo Le Pera.
Caminaba pensando en cambiar el mundo y se dió cuenta de la cantidad de cosas que todavía tenía que arreglar en el suyo.
Empezó a recordar los consejos que tanta gente le regalaba: no dejes las cosas para última hora, no te quedes hasta tarde que mañana madrugas, haz la cama antes de irte, cuidado con las esquinas de casa, no te pegues con aquello que te pueda, abróchate el abrigo que fuera hace frío, llévate el paraguas por si llueve, mira por donde andas, piensa antes de hablar...
Si no dejase todo para última hora no hubiera salido corriendo por él justo antes de irse, si se acuesta tarde es porque tiene un millón de cosas mejores que hacer que cerrar los ojos hasta el día siguiente, si no hace la cama por la mañana es porque le gusta volver a casa y recostarse un rato, si no se diera de vez en cuando con las esquinas de casa no bajaría nunca de las nubes, si no se hubiese enfrentado a algo superior a ella ahora no sabría hasta dónde puede llegar, si no se abrocha el abrigo es porque adora que el frío la sacuda de vez en cuando, si no cogió el paraguas era porque quería mojarse debajo del chaparrón, volver a casa y notar el calor, si no miró por dónde andaba era porque ese día quería perderse, si no hubiese hablado repentinamente cuántos bofetones se hubiese ahorrado, pero también cuántos besos...