todavía pienso en vosotros, en uno cada vez...la primera vez que le vi, Guillaume parecía un niño recién soltado de la mano, o eso pensé yo...se le veía tan tímido.
En un abrir y cerrar de ojos nuestra casa parecía la suya, disfrutaba encontrándomelo por sorpresa al volver, la puerta siempre se quedaba abierta. El espejo lleno de vaho, habría entrado con esos pantalones negros cortos en pleno invierno después del partido de rugby, nuestra ducha estaba más cerca. Recuerdo mais tumbados en la cama, sonando "Peace and tranquility to earth", divagando sobre lo que sería de nosotros. Por la noche se acercaba a casa, gritaba de la calle al balcón, traia una botella de buen vino y cenábamos sentados encima del baúl.
Observaba como jugar con las cariocas, hacer muñecos de dedos, trenzas en el pelo, agujeros...mis rincones favoritos. Si asomaba en la misma calle, podía correr a por un abrazo y arreglar el día.
Las horas, minutas y segundas pasaban con total fidelidad a la gramática, al fin y al cabo el tiempo tiene siempre el mismo género...aunque realmente ya no es el mismo, faltan esos pequeños detalles, esas miradas, esos silencios...
a veces no es tan sencillo como parece coger un vuelo a La Paz...






