Pensó por un instante que sus noches preferidas eran aquellas en las que la luna se teñía de polvo dorado tras la siega del trigo.
...desde el exilio.
Acostumbrado a escapar de la realidad perdí el sentido del camino y envejecí 100 años más de tanto andar perdido. Y me busco en la memoria el rincón donde perdí la razon y la encuentro donde se me perdió, cuando dijiste que no.
Me hice un barquito de papel para irte a ver, se hundió por culpa del rocío.
No me preguntes cómo vamos a cruzar el río.
Los guantes del huerto eran ásperos, los acariciaba antes de dárselos a mi abuelo en aquél cuartucho de madera despintada y descorchada por los años. Al caer la tarde, se sentaba en su rincón y bebía coca-cola mientras observaba la puesta de sol, ataviado con esos pantalones cortos que daban sentido al color “blanco roto” y la camisa más vieja que tenía. Yo no quería perturbar su momento, así que le miraba de reojo desde lo alto del tejado sin que se diera cuenta. Así, pensaba yo, compartíamos ambos el mismo instante.
Más tarde, guardaba los guantes de nuevo en su cajón oliendo a tierra marrón, oscura y mojada. Que sus manos desprendieran un aire fresco a hierbabuena, tomillo o lavanda, por aquél entonces era un gran secreto. Ahora, resulta difícil no refregar esas plantas entre mis manos para sentirle más cerca.
Es mejor ser diablo que aburrida santidad y amarse con vicio hasta ya no poder mas. Y subir al cielo, lo nuestro es volar en el cuerpo a cuerpo. Dicen que es pecado el que nunca ha amado y nada ha dado. Nada ha dado. Que nunca se acabe esta avaricia entre tu y yo. Que guarden, que recen, tu y yo estamos condenados por subir al cielo, por volar sin consentimiento.
En ocasiones llegué a creer hasta 6 cosas imposibles antes del desayuno:
1. Toda mi vida queda grabada en cassettes de audio de TDK. Rebobino. Subo el volumen y apago cualquier otro aparato pues los recuerdos podrían distorsionarse y perder fidelidad.
2. Consigo alcanzar la velocidad de la luz y por fin me despreocupo del maldito paso del tiempo. E=mc² mi gran utopía.
3. Invento, hablo y entiendo cualquier lengua, ya veis, yo soy así.
4. A cada momento suena la canción adecuada, la que no esperaba, sin necesidad de altavoz alguno.
5. Mi querido ratón de biblioteca husmea hasta encontrar ese libro de ingeniería tan antiguo y lleno de polvo que revela la clave para inventar el teletransporte.
6. Tus ojos se convierten en dos soles. Iluminan dos mundos, el tuyo y el mío. Durante el día no se encuentran, dilemas de diferencia horaria, pero al llegar el turno de noche, cuando las lunas no descansan, duermen pegaditos.