...apareció el espejismo de una costa rocosa de agrestes acantilados. En el punto más alto de los precipicios que daban al mar, se alzaba un faro de tanta potencia luminosa que incluso en pleno día se percibían sus destellos cegadores. El gran faro mágico no se limitaba, como los demás, a guiar a los buques que surcasen el mar. Había bajado hasta el fondo para despertar a los barcos olvidados y ayudarlos a encontrar de nuevo el rumbo de sus rutas oceánicas. Así nació la procesión fantástica de los veleros fantasma que habían vuelto al cabo del tiempo. En el escenario prodigioso del Gran Teatro Mundial de los Espejismos...estaban navegando!¡
El faro que despertó a los fantasmas.
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